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Escuchar la voz de la niñez: un pilar para construir una educación más humana

Un pilar para construir una educación más humana.

Escuchar a los niños y niñas no significa únicamente oír sus palabras. Implica comprender sus gestos, sus silencios, sus sueños y la forma en que observan el mundo. Supone abrir un espacio donde su mirada fresca nos recuerde la curiosidad, la ternura y la esperanza que, a veces, los adultos dejamos a un lado.

En tiempos en los que la educación avanza hacia modelos más humanos, inclusivos y participativos, garantizar el derecho a la participación infantil se vuelve indispensable. La Convención sobre los Derechos del Niño (ONU, 1989) establece claramente que su opinión debe ser escuchada y tomada en cuenta en todas las decisiones que les afectan. Por ello, es pertinente preguntarnos: ¿estamos realmente escuchándoles, o solo les permitimos hablar sin que nada cambie después?

Diversas investigaciones han demostrado que las escuelas donde se promueve la participación tienen mejores niveles de convivencia, mayor rendimiento académico y una ciudadanía más solidaria y comprometida. La participación no se limita a hablar; conlleva aprender a escuchar, a decidir y a convivir con propósito y respeto.

Cinco maneras de fomentar la participación en la escuela

1. Escuchar con atención

Destina espacios para que expresen sus preocupaciones, intereses o emociones. Una conversación sincera puede transformar por completo el día de un estudiante.

2. Construir juntos

Permite que participen en la elaboración de normas, proyectos y actividades. Las reglas creadas colectivamente suelen vivirse con mayor compromiso y alegría.

3. Aprendizaje práctico

Incorpora métodos que faciliten la creación, la toma de decisiones y el trabajo colaborativo: proyectos, debates, juegos en equipo o clubes donde ellos mismos puedan liderar procesos.

4. Formar docentes que escuchan

Incluye la escucha activa como parte esencial de la formación docente. Reconocer emociones y necesidades es clave para una enseñanza más humana.

5. Celebrar sus ideas

Da valor a lo que piensan, crean y sueñan. Presentar sus trabajos, compartir sus reflexiones o permitirles hablar en actos escolares fortalece su autoestima y sentido de pertenencia.

Escuchar a niños y niñas es también una oportunidad para crecer como adultos. Ellos nos enseñan a mirar con asombro, a encontrar belleza en lo simple y a soñar sin límites. Una escuela que escucha genera cultura de empatía, respeto y corresponsabilidad.

La invitación es clara: escuchemos a la niñez con el corazón abierto. Cuando un niño se siente escuchado, confía más en sí mismo y en los demás. Ese puede ser el primer paso hacia la sociedad justa, empática y luminosa que todos anhelamos.

Educar en la no violencia

Cuidar lo más valioso: educar para la convivencia y el respeto

“Educar en la no violencia es sembrar el respeto por toda forma de vida.”

— Rigoberta Menchú Tum

En cada espacio escolar —aulas, pasillos y recreos— los niños y niñas confían en que los adultos serán guía y protección. La escuela no solo transmite conocimientos académicos: también es un lugar donde se aprende a convivir, a respetar y a reconocer la dignidad de cada persona. En un mundo lleno de desafíos, educar en la no violencia se convierte en una tarea fundamental para construir una sociedad más humana.

Fomentar el buen trato transforma las relaciones cotidianas. Una palabra amable puede unir, y una mirada comprensiva puede brindar seguridad. Cada gesto —escuchar con paciencia, corregir con respeto, establecer límites claros y afectivos— enseña que el respeto no se impone: se cultiva. Por esto, el papel de la comunidad educativa es esencial en la creación de entornos donde cada estudiante pueda desarrollarse sin miedo y con confianza.

Rigoberta Menchú recuerda que educar en la no violencia implica valorar toda forma de vida. Esta idea se convierte en la base de toda sociedad que busca ser justa, solidaria y profundamente humana.

Recomendaciones para fortalecer la educación en la no violencia

1. Integrar la educación emocional en la rutina escolar

Incluir momentos breves para reconocer y expresar emociones permite que los estudiantes desarrollen herramientas para gestionar conflictos sin recurrir a la agresión.

2. Modelar el respeto en cada interacción

El ejemplo del adulto es decisivo. Corregir de manera respetuosa, hablar con serenidad y establecer límites con afecto envían mensajes potentes que moldean comportamientos.

3. Promover actividades que fomenten la convivencia pacífica

Proyectos colaborativos, juegos cooperativos, dinámicas de resolución de conflictos y espacios de diálogo ayudan a que la empatía se convierta en un hábito diario.

4. Construir una cultura institucional basada en el respeto

Las normas escolares, rutinas y acuerdos deben reflejar coherencia, cuidado y colaboración. La forma en que los adultos se relacionan influye directamente en el clima escolar.

5. Detectar a tiempo señales de alarma

Cambios bruscos de conducta, actitudes retraídas o signos de maltrato requieren una intervención inmediata. Prevenir también significa acompañar y educar emocionalmente.

6. Mantener comunicación activa con las familias

Un diálogo constante con padres, madres y cuidadores fortalece el acompañamiento integral del desarrollo del estudiante y facilita la intervención oportuna ante cualquier situación.

7. Garantizar ambientes seguros, inclusivos y libres de discriminación

Una autoridad guiada por la empatía permite crear espacios donde los niños y niñas se sientan protegidos, escuchados y valorados.

Educar para la no violencia es un acto que refleja la calidad humana de quienes educan. Cada palabra de aliento, cada límite justo y cada gesto de cuidado fortalecen la confianza que los niños y niñas depositan en sí mismos y en el mundo. Una escuela que promueve la no violencia siembra esperanza y construye ciudadanía.

Debemos seguir construyendo espacios donde la infancia pueda aprender sin temor, crecer en respeto y sentirse realmente cuidada. Proteger lo más valioso —la niñez— es proteger el corazón de nuestra sociedad.

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